Transtorno de deficit de naturaleza
Esta semana estuvimos en México por el Clima, un encuentro del que salimos profundamente emocionados y, sobre todo, esperanzados. Escuchamos a personas de distintos sectores que están cuestionando la manera en la que hacemos las cosas y proponiendo acciones.
Empresas, organizaciones y comunidades que están imaginando nuevas formas de producir, consumir y hacer negocios, poniendo el cuidado al centro. El cuidado de las personas, de los animales y de los ecosistemas que sostienen nuestra vida.
Me quedé pensando en algo: quizá una de las formas más disruptivas de desafiar al sistema sea volvernos sensibles. En un mundo que nos ha enseñado a priorizar la eficiencia, la velocidad y el crecimiento a cualquier costo, detenernos a sentir, a observar y a preocuparnos por lo que le sucede al otro puede ser un acto profundamente revolucionario. Cuando somos sensibles a lo que nos rodea, somos capaces de imaginar mejores soluciones. Y cuando ponemos el cuidado al centro, empezamos a construir futuros en los que todos podamos vivir mejor.
En uno de los paneles compartieron una reflexión que me hizo mucho sentido. Hoy, cerca del 60% de la población mundial vive en ciudades. Pasamos buena parte de nuestros días entre edificios, concreto y pantallas...experimentamos el mundo en dos dimensiones planas. Incluso existe un término para describir esta desconexión: Transtorno de déficit de naturaleza que es es la desconexión con el entorno natural, espacios verdes y el contacto animal (sin contar mascotas) ideado por el periodista Richard Luov en su ensayo ‘Los últimos niños en el bosque’, publicado en 2005.
¿Cómo vamos a cuidar algo que no conocemos? ¿Cómo vamos a amar aquello con lo que hemos perdido el vínculo? Creo que necesitamos volver a salir. Caminar por el campo, tocar la tierra, conocer a quienes cultivan nuestros alimentos, observar los animales, entender los ciclos de la naturaleza y maravillarnos con todo lo que sucede sin que nos demos cuenta. Porque es difícil sentirnos parte de algo que vemos tan lejano.
Justamente por eso, en DILMUN estamos invitándote a acompañarnos a visitar a nuestros productores. Queremos que la distancia física entre el campo y la ciudad deje de convertirse en una distancia emocional. y mental. Que podamos conocer las manos, las historias, los paisajes y los ecosistemas que hay detrás de lo que comemos todos los días. Que entendamos que la vida en las ciudades solo es posible porque existe un campo que la sostiene. Y que cuidar ese campo es también una manera de cuidarnos a nosotros mismos.
No necesitamos cambiar el mundo entero, sino empezar desde nuestro contexto, en casa volver a sentirnos parte de la naturaleza. Y desde ahí, imaginar mejores futuros juntos.
Pide tu Súper alimentos con origen trazable, de buenas práctica sque cuidan tu salud, la salud de los productores, animales y la de los ecosistemas

