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Recuperando saberes en la vida moderna

Recuperando saberes en la vida moderna

Mucho antes de que existieran los suplementos alimenticios, los laboratorios o la nutrición moderna, el ser humano ya reconocía el extraordinario valor de los órganos o vísceras de animales.

A lo largo de la historia, numerosas culturas tradicionales reservaron el hígado, el corazón, los riñones, el cerebro y otros tejidos para quienes más los necesitaban: mujeres embarazadas, niños en desarrollo, ancianos, guerreros y personas en recuperación. No era una costumbre nacida de la casualidad, sino de la observación acumulada durante generaciones. Con el tiempo, ese conocimiento ancestral llegó también hasta nuestros abuelos.

Durante generaciones, los órganos fueron considerados algunos de los alimentos más nutritivos disponibles

La historia de la medicina también refleja este reconocimiento. En 1934, los médicos George H. Whipple, George R. Minot y William P. Murphy recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre el tratamiento de la anemia perniciosa. Sus trabajos demostraron que el consumo de hígado podía revertir una enfermedad. Se descubrio que gran parte de ese efecto se debía a su extraordinaria concentración de vitamina B12 y otros nutrientes esenciales.

Mientras tanto, diversos investigadores comenzaron a explorar una idea que daría origen a la organoterapia moderna: que los órganos animales contenían mucho más que simples nutrientes. Entre ellos destacó el médico estadounidense Henry R. Harrower, que sostenía que los tejidos glandulares concentraban componentes biológicos propios de cada órgano y dedicó buena parte de su carrera a estudiar su posible papel dentro de la nutrición y la fisiología humana. Sus publicaciones ayudaron a consolidar la organoterapia como un campo de estudio y despertaron el interés de numerosos médicos e investigadores de su época. Otros pioneros, como el fisiólogo francés Charles-Édouard Brown-Séquard, habían abierto décadas antes el camino al demostrar que los órganos desempeñaban funciones químicas mucho más complejas de lo que entonces se comprendía. Aunque muchas de sus hipótesis fueron posteriormente refinadas o sustituidas por nuevos descubrimientos científicos, sus investigaciones marcaron el nacimiento de la endocrinología moderna y de la idea de que los tejidos animales podían contener moléculas biológicamente relevantes.

Hoy comprendemos con mucha mayor precisión por qué los órganos ocupan un lugar tan especial dentro de la nutrición.

Son algunos de los alimentos naturalmente más densos en vitaminas, minerales, aminoácidos, fosfolípidos, péptidos, cofactores enzimáticos y numerosos compuestos bioactivos. Pero, más importante aún, estos nutrientes no se presentan de forma aislada. Se encuentran organizados dentro de matrices biológicas extraordinariamente complejas, donde cientos de moléculas interactúan entre sí tal como lo hacen en la naturaleza.

Los mamíferos compartimos una historia evolutiva de millones de años

Los animales rumiantes, como el ganado bovino, poseen órganos cuya composición bioquímica guarda una notable similitud con la fisiología humana. Esa cercanía evolutiva hace que muchas de sus proteínas, lípidos estructurales, vitaminas y minerales se encuentren en formas altamente biodisponibles y fácilmente reconocibles por nuestro organismo. En lugar de aportar nutrientes aislados, los órganos ofrecen sistemas biológicos completos, en los que cada componente forma parte de una red nutricional diseñada por la propia naturaleza.

En YEKE entienden que  la organocultura como el reconocimiento de ese conocimiento ancestral y la organoterapia como una tradición científica que buscó comprenderlo desde una perspectiva moderna. Su propósito no es reinventar una práctica milenaria, sino recuperar un alimento que durante generaciones ocupó un lugar central en la nutrición humana y presentarlo de una forma práctica para la vida contemporánea 

Sin plástico de inicio a fin

No es únicamente una característica sólo de sus empaque. Es una declaración de principios. Es la expresión tangible de una filosofía que busca volver a hacer las cosas con intención, con respeto por los materiales y con una mirada puesta en el largo plazo.

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Fuente YEKEmexico.mx