Cuando un alimento escasea, nos está diciendo algo
Hace unos días se terminó la temporada de nuestras blueberries agroecológicas. Fue una temporada corta, este año las lluvias llegaron con fuerza. Como sucede en el campo, el clima siempre tiene la última palabra. Eso significa que ahora tendremos que esperar hasta el próximo año para volver a disfrutarlas.
Curiosamente, hay muchos alimentos que ni siquiera pensamos que tienen temporada.
Las espinacas agroecológicas son uno de ellos.
Estamos tan acostumbrados a encontrarlas en cualquier supermercado durante los doce meses del año que pareciera que siempre existen. Pero en realidad son una hortaliza de invierno. En las chinampas, producirlas durante la temporada de lluvias es muy complicado: el exceso de humedad hace que las hojas pierdan calidad, se maltraten y duren mucho menos después de la cosecha.
Por eso, cuando las espinacas empiezan a escasear, nuestros productores suelen sembrar otras hortalizas que disfrutan mucho más esta época del año, como las acelgas, quelites y otras hojas verdes.
Elegir un alimento distinto no significa conformarnos con un sustituto, sino es una invitación a volver a comer al ritmo de la naturaleza.
Cada temporada trae algo distinto. Cada cosecha tiene su momento. Y cuando dejamos de exigir que todo esté disponible todo el tiempo, descubrimos nuevos sabores, nuevas recetas y también aprendemos a valorar mucho más aquello que solo aparece una vez al año.
Quizá ese sea uno de los mayores lujos de comer alimentos de verdad: volver a esperar.

