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A veces comer no es tan sencillo, es un aprender a cuidarse

A veces comer no es tan sencillo, es un aprender a cuidarse

Cuidar lo que entra al cuerpo se transforma en una forma de quererse. Y ese aprendizaje, aunque nace de una dificultad, termina expandiéndose a todos los aspectos de la vida: comer mejor, vivir mejor y, sobre todo, tratarse con más compasión.

Y muchas veces, desde fuera, no lo entendemos del todo y lo juzgamos. Pensamos que exageran, que “un poquito no pasa nada”, que es una moda o una maña. Sin darnos cuenta, minimizamos una realidad que implica cuidado constante, atención y, en muchos casos, renuncias silenciosas.

Las personas celíacas, por ejemplo, no pueden consumir gluten. Para ellos esto significa cambiar sus hábitos alimenticios, aprender a leer etiquetas, buscar alimentos sustitutos y moverse en un mundo donde aquello que les hace daño está prácticamente en todos lados. Esto impacta su vida social tambien. No siempre pueden ir a ciertos restaurantes, comer en cualquier casa o aceptar una invitación sin pensarlo dos veces. A veces deben llevar su propia comida, comer antes de salir o explicar una y otra vez por qué no pueden probar “solo un poquito”. Y eso, con el tiempo, cansa.

Esto nos comentó Alejandro de Pan Valle, con respecto a su experiencia y aprendizajes al ser celiaco en un mundo de gluten: "Más allá del ingrediente, hay un aprendizaje y práctica más profunda". Compra Pan Valle artesanal sin gluten aquí

Así como el gluten se convierte en una invasión para el cuerpo —algo externo que no puede digerirse y que provoca una reacción desmedida—, algo parecido nos ocurre en la vida con personas, entornos o dinámicas que no nos hacen bien. El sistema reacciona, se defiende, avisa. Ignorar esas señales también termina por causar daño.

Vivir con una intolerancia obliga a cuidarse. A poner límites. A decir no. A priorizar el bienestar propio, incluso cuando incomoda a otros. Y, aunque no lo parezca, eso puede convertirse en una bendición.

Con el tiempo, muchas personas se vuelven expertas en poner límites, no solo con los alimentos, sino también con las relaciones que lastiman, con las compañías que drenan, con las situaciones que no nutren. Aprenden a escucharse, a respetar sus necesidades y a dejar de hacer cosas “por quedar bien”.

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